Sin asistencia en un piso tutelado

Los usuarios de las casas del Ivvsa en Picanya critican que el centro de día esté cerrado y no reciban atención.

El proyecto idílico del complejo de viviendas tuteladas con un centro de día asistencial para mayores que tardó una década en ver la luz en Picanya, se ha quedado hasta ahora en un grupo de pisos de alquiler en el que muchos adjudicatarios, especialmente los que tienen problemas de movilidad, se sienten “abandonados y desasistidos”.
La renuncia de la Conselleria de Bienestar Social a gestionar el centro y el complejo, una vez el Instituto Valenciano de la Vivienda (Ivvsa) lo acabó finalmente y entregó las casas, como publicaba Levante-EMV la semana pasada, ha hecho que sea el Ivvsa el que saque a concurso la gestión, que llevará una empresa privada. Por ello, la puesta en marcha del centro se va a retrasar.
Para algunos ancianos con problemas de movilidad, esta situación obliga a amigos y familiares a ir a diario para llevarles comida, ya que ellos no pueden cocinar ni tienen comercios cerca, por lo apartado del complejo.
Es el caso de Isabel, que camina con andador, a la que asisten sus antiguas vecinas. “Esto no es lo que nos prometieron. Ese edificio está cerrado y nosotros aquí sin nada. Nos han desterrado”, dice. “Me molesta que la hayan aparcado aquí y se olviden. ¿Qué pasaría si no viniera yo todos los días?”, se queja su amiga Maite. De los 350 euros mensuales que recibe de pensión, 220 los dedica al pago por la casa y otros 18 a los gastos comunitarios. Cuando comenzaron las obras, se anunció un alquiler de unos 65 euros. “Los que son dos personas pagan igual que cuando somos una sola y algunos vamos ahogados”.
Otro de los problemas que tiene el complejo es que carece de servicio de correos. “Al no tener un buzón comunitario en la entrada, se niegan a repartirnos y tenemos que ir nosotros al centro del pueblo a Correos. Una residente, Loli, que va en silla de ruedas, explica que este problema provocó que perdiera una cita para una prueba médica en dos ocasiones. También se queja de la soledad ya que el complejo, al tener los servicios comunes vacíos y cerrados, no tiene actividad.
Para Alfredo la llegada al complejo ha sido positiva porque “esto es mucho más tranquilo que Valencia, donde yo vivía, y la casa está muy bien para el precio que tiene”. No obstante, se queja de que “no haya un servicio médico una vez a la semana o cada dos semanas porque hay que ir a Picanya o a Paiporta, y es imposible para la gente que no puede valerse”. El residente no entiende cómo “se han gastado un dineral en esos edificios y los tienen cerrados”.

fuente/levante-emv.com/